Verifica la información ¡sé libre!


Gracias a los grandes avances tecnológicos que hemos conseguido como sociedad, hoy podemos comunicarnos con una eficacia y rapidez nunca vista en ningún otro momento de la historia. El desarrollo de satélites que permiten realizar videoconferencias  o enviar un mensaje a cualquier lugar del mundo, prácticamente de forma instantánea, ha modificado nuestra manera habitual de comunicarnos entre nosotros y nos ha proporcionado nuevas oportunidades para interaccionar. 


Estas nuevas relaciones sociales nos ofrecen la oportunidad de compartir cualquier información que consideremos oportuna con amigos, familia o, incluso, con personas que no conocemos. Algo similar a lo que llevan haciendo los medios de comunicación durante muchos años, con la diferencia de que hoy podemos ser nosotros quienes, a golpe de un solo clic, lo hagamos simplemente usando el smartphone que guardamos en nuestros bolsillos. Ante tal posibilidad, tenemos la obligación moral de reflexionar sobre la gran responsabilidad que nos otorga compartir una publicación en las redes, pues somos nosotros quienes, al contribuir a su divulgación, la estamos dando por veraz. 


Las redes sociales se convierten, así pues, en un gran escenario en el que nos presentamos frente a miles de personas que nos escuchan, sensibles a creer lo que les estamos contando. Es por este motivo que debemos estar muy seguros de que la información que damos es cierta, antes de propagarla.  De no ser así, estaríamos promoviendo una mentira, con la diferencia de que en un pasado no tan lejano una mentira quedaba en nuestro circulo más cercano, mientras que ahora, una mentira puede llegar a hacerse viral y recorrer el mundo en minutos. 


A estas mentiras del mundo virtual se les conoce como “Fake News”, un término muy habitual en nuestros tiempos, dada la gran facilidad de acceso a ellas que tiene cualquier persona con conocimientos mínimos en tecnología.  Cualquiera de nosotros podemos convertirnos en creadores de una fake new sin apenas esfuerzo. Son muy fáciles de producir y esto las convierte en una herramienta muy poderosa para manipular a las personas y posicionarlas del lado deseado de quien las crea. Pero no solo de manera intencionada podemos contribuir a la difusión de una fake new, sino que, en muchas ocasiones, nuestra propia falta de pensamiento crítico nos hace víctimas de ella, al convertirnos en cómplices ignorantes de una mentira que va a llegar a un gran público. 


Frente a situaciones como estas la policía actúa, interceptando bulos que generan alarma social y retirándolos. Sin embargo, es tal la cantidad de ellos que se genera y la velocidad a la que lo hacen que no siempre cabe la posibilidad de desmentirlos. Es así como surge la importante necesidad de aprender por nosotros mismos a interpretar de manera juiciosa la información que nos llega para poder detectar si se trata de una información veraz o falsa. Pero, ¿cómo conseguimos capacitarnos en esto? La respuesta es más sencilla que su puesta en práctica: mediante el desarrollo de un pensamiento crítico. Pero esta no es tarea fácil, pues el desarrollo del pensamiento crítico es algo que se debe trabajar desde pequeños, igual que otras capacidades, creando hábitos que permitan a los jóvenes tener sus propias ideas y no ser influenciables. 


Si nos centramos en la responsabilidad social que se tiene la escuela en esto, vemos como la educación ha ido cambiando en las últimas décadas, acomodándose a los nuevos tiempos y cambiando las antiguas clases magistrales por otras con una metodología mucho más constructivista, donde se enseña a los niños y adolescentes a formar su propio pensamiento y conocimiento, a hacer un viaje al origen de la información que manejan, a contrastar fuentes, a sospechar de la veracidad de una noticia si no se conocen estas, a verificar los datos que se les ofrecen, a no dejarse llevar por un titular llamativo, etc. Así, vemos que el papel del profesor también ha cambiado, pasando a convertirse en un guía del aprendizaje, que no adoctrina, sino que enseña a sus alumnos a pensar por sí mismos. Sin embargo, la posición inherente a su figura le sigue situando como un líder ante sus alumnos, el cual ejerce una la gran influencia sobre ellos, motivo más que suficiente para deba ser muy cuidadoso a la hora de contrastar toda la información que les hace llegar pues, de no ser esta cierta, estaría contribuyendo a la desinformación de su alumnado. 


En resumen, podríamos decir que, a pesar de que los alumnos que hoy llenan nuestras aulas son verdaderos expertos en tecnología, los llamados “nativos digitales”, probablemente muchos de ellos carecen de un buen nivel para manejarla correctamente, ya que las cuestiones que estamos tratando se están empezando a integrar en la educación desde un periodo relativamente reciente. Si bien es cierto que aunque estos jóvenes están muy familiarizados con su manejo práctico, no podemos decir que lo estén tanto en un sentido más profundo, en cuanto a lo que tiene que ver con un manejo que implique el análisis crítico de la información que a través de dicha tecnología les llega. Es, por tanto, ahora, cuando se les está empezando a mostrar la verdadera responsabilidad que implica compartir con otras personas datos no contrastados. 


Como vemos, para revertir esta situación y que sea cada vez menos frecuente, debemos mostrar especial interés en desarrollar el conocimiento crítico de nuestros alumnos, convirtiendo esto en una práctica habitual de nuestro día a día, pues la sociedad de la información y la comunicación no solo implica ventajas, sino también tener que estar alerta  y formarnos para no dejarnos manejar por cualquier persona que quiera influenciarnos de uno u otro modo o hacernos cómplices de sus intereses personales. Solo de este modo estaremos protegiendo al alumno y contribuyendo a que la sociedad sea menos crédula y más responsable, tanto en el mundo virtual como en el real, pues dotarles de este tipo de herramientas les ayudará a desarrollarse como personas de forma íntegra, permitiéndoles ser más libres y determinar por sí mismos su posicionamiento, sin la necesidad de que influencias externas les digan, con diferentes fines, si deberían pensar de uno u otro modo. 


En conclusión, el hecho de vivir en la sociedad de la información y la comunicación nos dota del privilegio y el derecho a estar informados, pero nos otorga, también, el gran compromiso de ejercer una habilidad informacional adecuada en cualquier ámbito de la vida para tener una perspectiva global de la información y tratar esta con responsabilidad.


Fuente: Conferencia Alicia Avilés (periodista Diario.es CLM)


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